Álvaro Fariña
Álvaro Fermín Fariña Álvarez (11 de marzo de 1897–1972), más conocido como Álvaro Fariña, fue un pintor canario del siglo XX cuya obra se caracterizó por apartarse de las corrientes regionalistas predominantes en buena parte del arte insular de su época. Aunque desarrolló una producción relativamente breve, su trabajo ha sido considerado una de las propuestas pictóricas más singulares surgidas en Canarias durante las primeras décadas del siglo XX, destacando por la influencia de las vanguardias europeas y por una orientación estética alejada de los temas costumbristas tradicionales.
Su trayectoria artística estuvo marcada por una intensa actividad concentrada en pocos años, seguida por un abandono prácticamente definitivo de la pintura y una prolongada retirada de la vida pública.
Nació en Tacoronte, en Tenerife, en el seno de una familia acomodada de propietarios agrícolas. En 1914 se trasladó a Barcelona para iniciar su formación artística en la Escola d'Art d'en Galí, donde entró en contacto con las corrientes renovadoras del arte catalán de comienzos del siglo XX. Posteriormente continuó sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde permaneció hasta 1922.
Durante esos años compaginó su formación pictórica con estudios musicales, cultivando una afición duradera por el violín y la guitarra clásica.
En 1925 se trasladó a París tras contraer matrimonio con Antonia (Tony) Domínguez, hermana del pintor Óscar Domínguez. La estancia parisina resultó decisiva para su evolución artística, permitiéndole entrar en contacto directo con diversos movimientos de vanguardia y desarrollar una pintura de mayor libertad formal y cromática.
Su obra recibió influencias del noucentisme catalán, del expresionismo asociado a Isidre Nonell y del fauvismo francés. Entre sus rasgos más destacados figuraban la intensidad cromática, el tratamiento volumétrico y táctil de los desnudos y una cierta melancolía presente en paisajes urbanos y escenas intimistas. Su pintura evitó conscientemente los temas folclóricos y regionales frecuentes en parte del panorama artístico canario del periodo.
Tras regresar a Tenerife presentó parte de su producción en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife en 1930. Poco después abandonó progresivamente la actividad artística y dejó de participar en exposiciones o círculos culturales.
Su alejamiento de la pintura se ha relacionado con diversos factores, entre ellos su carácter bohemio y las consecuencias personales derivadas del clima social y moral posterior a la Guerra Civil Española y la instauración de la dictadura franquista, durante la cual fueron reprimidos varios de sus amigos artistas. A partir de entonces llevó una vida privada y discreta, centrada en la administración del patrimonio familiar y alejada de la actividad pública.
Durante sus últimos años se refugió principalmente en sus propiedades en Tenerife y mantuvo la música como actividad personal habitual, continuando con la práctica del violín y de la guitarra clásica. No retomó nunca su actividad pictórica ni volvió a integrarse en los circuitos artísticos insulares.
Falleció en 1972, dejando una producción limitada en extensión pero considerada una de las propuestas más personales y singulares del arte canario del siglo XX.